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Nota Anait
"¡Es un dislate!", exclamaba furioso chiconuclear mientras agitaba en el aire una copia de Operation Flashpoint: Dragon Rising."No será tan grave", le respondía yo. Y lo cierto es que, aun opinando de forma contraria, ambos teníamos razón.
La simulación militar, muy dada a potenciar el ultrarrealismo táctico más sesudo y obsesivo, suele tener también cierta tendencia a olvidarse de otras cosas que saltan a la vista. Es como cuando el padre de familia, un veterano de Vietnam aficionado a salir al porche a pasear su viejo M16 con aire intimidatorio, se empeña en hacer de su vástago una implacable máquina de matar obligándole a tomar clases de tiro desde pequeño e inscribiéndole a una draconiana academia militar, sin darse cuenta de que su hijo es en realidad el heredero espiritual de Boy George, su mayor afición es abusar del rimmel y las paredes de su cuarto rebosan pósters de Cristiano Ronaldo y Chayanne. Un choque de realidades en el que un universo fagocita al otro creando un desequilibrio que suele resultar fatal. Sólo así se explica una anécdota que el propio chiconuclear me relataba y que luego tuve la desgracia de vivir en mis propias carnes:

Let's make lemonade.
Voy con mi escuadrón, tralarí tralará, y decido darles la orden de avanzar inexorablemente hacia una muerte segura. Son soldados, joder, nacieron para eso. Yo, mientras tanto, les despido emocionado y me dispongo a flanquear toda la zona cual rata cobarde y rastrera, con la idea de aniquilar a los soldados chinos que anden distraídos machacando a mis hombres y luego destruir ese dichoso radar que defienden. Nada más empezar mi paseo, topo con un jeep aparentemente abandonado. "Magnífico", me digo, "hoy la suerte me sonríe". Subo al vehículo. No tiene lector de CD, lástima. Lo último de Niña Pastori tendrá que esperar.
Arranco el motor e inicio una loca carrera por un sendero que rodea las instalaciones del enemigo. El paisaje es bellísimo. Una extensa pradera forrada de verde maleza. Casi se puede oler la humedad. Está amaneciendo y los primeros rayos de sol se reflejan en unas nubes que auguran una tarde de lloviznas. Al noroeste veo columnas de humo, pedazos de tierra saltando por los aires y oigo por radio como mis chicos, aterrorizados, piden la asistencia de un sanitario que les vuelva a colocar las tripas en su sitio. Miro hacia delante y... ¡Oh, Dios mío! Son tres soldados del ejército chino, todos ellos apuntándome. Súbitamente recuerdo mis tardes jugando al Carmageddon 2. Sonrío y acelero al máximo con Be Quick or Be Dead de Iron Maiden rebotando en mi cerebro. Se van a cagar los chinos éstos.
Antes de que el capó humeante de mi jeep impacte contra el vientre del primer soldado de la fila, ya han empezado a dispararme. No importa, moriré matando. Pero... un momento, algo anda mal. El coche que conduzco sigue avanzando a toda velocidad, pero los jodidos chinos no han sucumbido. No puedo creérlo: siguen los cuatro en pie, rígidos y apelotonados contra el radiador del vehículo, que les desplaza en dirección contraria a noventa por hora como cuatro moscas ensartadas en una aguja. Y no sólo eso: los cabrones siguen disparando sus fusiles implacablemente como si nada ocurriera, como si sus asiáticos pies siguieran aún en contacto con el pantanoso suelo de la isla de Skira. Evidentemente, muero acribillado por los disparos con los que una cuadrilla de jodidos Terminators pequineses me ha alcanzado a través del parabrisas de mi jeep. Apago la consola. Seguiré más tarde.

Obviamente todo esto no fue más que el resultado de un lamentable glitch, pero sí es cierto que ilustra muy bien ese solapamiento que existe en muchos juegos de este subgénero. La preocupación por crear un campo de batalla prácticamente real acaba eclipsando cosas que en principio eran elementales y se daban por supuestas como el sistema de conducción de vehículos, las físicas o algo que delata la falta de cuidado en este título: el uso de los checkpoints.
Want some? Get Some!
Y es que el problema que más me ha frustrado durante mis partidas no han sido los francotiradores pertrechados y prácticamente invisibles, o los helicópteros de combate que te desintegran si osas alejarte demasiado de la acción, sino la mala interpretación de las rutas por parte del sistema de checkpoints. Debes pasar obligatoriamente por todas las zonas que demanda el juego, independientemente o no de que sea algo innecesario o demasiado arriesgado: o lo haces o no avanzas. Un buen ejemplo es cuando debía despejar de enemigos una torre y, tras morir en el primer intento de asalto en el que accedí al edificio por la puerta principal, decidí esta vez entrar por una escalerilla auxiliar que me llevaba directamente al último piso. Mi idea era limpiar la zona desde arriba hacia abajo, pero parece que a la inteligencia artifical no le pareció una táctica adecuada y, pese a que eliminé a todos los soldados, finalmente tuve que reiniciar desde el punto de control anterior y hacerlo a su manera.
La sensación que nos queda a los que somos relativamente ajenos a la simulación militar es de cierta tendencia a tener la cabeza incrustada en el culo. Sin embargo, Operation Flashpoint: Dragon Rising es muy eficiente y divertido en lo que pretende concentrarse. Aunque la franquicia ya no esté en manos de los veteranos del mundillo Bohemia Interactive, parece que los chicos de Codemasters han sabido tomar buena nota de todo lo que tenían a la vista. El juego se presenta como un auténtico mastodonte de tres cabezas en lo técnico, con escenarios increíblemente extensos y bien diseñados aunque en la versión de PS3, la que hemos analizado, había algún que otro desliz en la calidad de ciertas texturas, y unos gráficos imponentes que desde luego contribuyen a la inmersión del jugador. En este sentido, resulta incomprensible que la práctica totalidad de misiones tengan un tiempo limitado para ser completadas, dejándonos con las ganas de explorar con más minuciosidad un entorno tan vasto y rico.

I don't read the script. The script reads me.
Otra cosa que sorprende la primera vez que juegas de OF: DR y, sobre todo, cuando ves su intro, es esa extremo rigor y sobriedad con la que se Codemasters ha impregnado su producto. El guión, al fin y al cabo una excusa como cualquier otra para ahostiarnos con soldados de otro país, está tejido cuidadosamente creando una muy decente pieza de historia alternativa en la que EE.UU. y Rusia se alían 1 para recuperar el control de Skira, una isla ficticia cercana a la costa de Japón en la que recientemente se han hallado grandes reservas de petróleo, y a la que la emergente potencia mundial de China (el "dragon rising") ha decidido echar el guante apelando a su antigua soberanía que data de más de 600 años. Como no podía ser de otro modo, el petróleo es la causa principal aunque las razones que esgrimen las naciones implicadas sean más humanas y altruistas. Os suena, ¿verdad?
Queda claro que OF: DR está muy trabajado, al menos en los elementos considerados más importantes por los fanáticos de la simulación. En este sentido, parece que sus creadores también han puesto especial atención en hacer que la mecánica de juego gane fluidez en su versión para consolas. El tedio que habría supuesto manejar con un pad ciertos listados de órdenes y que en PC podemos personalizar hasta el infinito vía shortcuts ha sido perfectamente esquivado con unos muy bonitos menús anidados en forma de esfera que se controlan con mucha sencillez desde las flechas de dirección. Podemos pedir un médico, solicitar fuego de cobertura o iniciar un ataque con formaciones distintas (en cuña, en cuña inversa, en dispersión...) o incluso pedir a nuestro escuadrón que se dirija a un punto concreto del mapa o de nuestro campo visual de forma muy fácil y transparente. Al margen de esto, el juego es infernalmente difícil, pero quienes hayan probado otros títulos del estilo ya sabrán que eso es una constante del género.

Suck my unit!
Si bien es cierto que OF: DR no es para todo el mundo, y mucho menos para los que venimos de la locura y el desenfreno de otros FPS más tradicionales, no se puede negar que hay errores garrafales que lo condenan a convertirse en una secuela menor frente a monstruos del mundillo como ArmA 2. La inexistencia de un tutorial adecuado ¡para una vez que lo necesitamos!, la escasísima información de nuestros objetivos durante las misiones maldita sea, ¿tan difícil era que al mirar el mapa apareciera la típica lista en plan "destruir los misiles y despejar la zona de aterrizaje"?, una ingente cantidad de bugs y eso que ni siquiera pude acceder al multijugador online y algunas otras irregularidades acaban empañando al que pudo convertirse en el paradigma de la simulación de combate y se ha quedado, sintiéndolo mucho, en otro intento fallido de sentar cátedra en un subgénero dominado por unos pocos oligarcas que se alzan entre la mediocridad más deprimente y rancia. Otra vez será, muchachos.
Nota: 7
- TEH IRONY. [↑]
Fichas:
Operation Flashpoint: Dragon Rising (PlayStation 3), Operation Flashpoint: Dragon Rising (Xbox 360), Operation Flashpoint: Dragon Rising (PC)
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@pinjedSí, pero a nivel argumental no tienen mucho que ver. El relato transcurre a lo largo de diferentes años (6 creo recordar) mientras que la película es ...
Silvani en "El mod para Crysis basado en S.T.A.L.K.E.R. tomará vida propia”
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@aratzno hay demo, esta confirmado. cuales son las nuevas imagenes? creo que me suenan todas menos la del elite.
8bitter en "Unas cuantas imágenes de Halo 4”
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que grande!
8bitter en "La descojonante unión de Street Fighter II y Portal ”

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