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8/10
Nota AnaitLectura rápida
Será que uno ya no podrá volver a sentir por primera vez el WTF a ver un camionazo cayendo encima de nuestro frágil motorista o el subidón al ver un accidente múltiple en la línea de meta que nos de la victoria mientras suena a toda leche Slam, pero a pesar de no llegar a las cotas de grandeza de la primera entrega de la franquicia, MotorStorm: Arctic Edge es un muy buen arcade que los amantes de las explosiones y las vueltas de campana sabrán apreciar en tiempos en los que el realismo parece ser el único valor a tener en cuenta.
Amo el primer MotorStorm. De hecho, me encanta hasta su nombre. Desde que vi la otra CG que presentó Sony en el E3 de 2005, antes de que el juego fuera una realidad tangible, ya se veían sus cartas: un arcade directo, multitud de vehículos en parajes inhóspitos, velocidad y caos.
A lo tonto, a lo tonto, la franquicia se convirtió en uno de los buques insignia de la última hija de Kuta y la gente de Sony tuvo a bien llamar a Bigbig Studios para pedirles que las PSP y PS2 del mundo también tuvieran su ración de mala leche sobre ruedas. Con MotorStorm: Arctic Edge, la saga creada por Evolution se fue al Decartón (sí, qué pasa, así lo llama mi madre) para comprarse unos cuantos forros polares, se embutió en un plumas bien gordo y, emulando al doctor Fleischman, no dejó la carretera hasta llegar a Alaska. ¿Pero logra esta nueva entrega estar a la altura de las versiones más grandes?
Para los no iniciados, MotorStorm es un juego de carreras off-road con varios tipos de vehículos que corren como pollos descabezados por llegar a la meta en primer lugar (entre otros modos de juego). Para ello se valen de un nitro que puede sobrecalentar nuestra montura y con el tiempo se recarga, múltiples rutas cada una con sus pros y sus contras y las características de nuestro vehículo, ya sea la contundencia de un camión o la agilidad de una moto. Vamos, un juego pensado para partidas rápidas sin más pretensiones que la de proporcionar diversión rápida sin complicaciones; lo que viene a ser un arcade en toda regla.

Además, esta entrega introduce un par de novedades; más tipos de vehículos, como las motos de nieve o los quitanieves (puaj) que se unen a los ya veteranos buggies, coches de rally, motos, camiones y quadrunees. A su vez, el entorno no es algo estático, ya que se pueden destruir puentes de hielo o provocar avalanchas para fastidiar a los contrincantes, todo ello con michaelbayescos resultados.
Y la verdad es que el cambio a plataformas menos potentes no ha sentado mal. Arctic Edge se controla perfectamente a pesar de no contar con gatillos analógicos y logra plasmar en hardwares limitadillos una gran sensación de velocidad acrecentada por la constante necesidad de a toda leche tomar decisiones como qué ruta tomar, arriesgando por un camino más peligroso pero con ciertos atajos, sacrificar una trazada más perfecta para ir por un suelo helado que nos refresque el motor y así ganar un poco de turbo o enzarzarnos en una pelea con ese desgraciado que nos pisa los talones para quitárnoslo de encima. Decisiones, decisiones... que harán que cada carrera sea distinta, lo cual se agradece.

Todo esto viene en un bonito envoltorio que, sin llegar al nivel de cosas tan brutas como los Burnout, desde luego cumple de sobras. Gráficamente destacan los entornos grandes, variados, con detallitos por todas partes y con efectos más que apañados. También es cierto se agradecería que el framerate estuviera bloqueado para evitar distracciones las cuando el juego pega subidones de imágenes por segundo para luego volver a la tasa normal. Respecto al sonido, los efectos no son molestos y la banda sonora, si bien puede resultar algo escasa, mete en situación y es respetuosa con los cánones de la saga, con música electrónica y guitarreo.
Eso sí, no estamos ante un juego perfecto. Sus primeros compases pecan de demasiado facilones (llegué a pensar que había algún bug que impedía a los contrincantes llegar a la meta), aunque por suerte el nivel de hijoputez enemiga va creciendo y poco a poco el juego se va volviendo un reto. Además, no hay mucho equilibrio entre los distintos tipo de vehículos; casi siempre la mejor opción será hacerse con una moto de nieve y la peor el quitanieve o la moto, la cual es muy maniobrable, pero tremendamente frágil y con insuficiente velocidad punta. También se echa en falta cierta impresión de aleatoriedad, esa sensación de ir con el culo prieto en la última vuelta rezando para que no venga cualquier desgraciado y se te lleve por delante, pero eso es algo más subjetivo que tangible.

Será que uno ya no podrá volver a sentir por primera vez el WTF a ver un camionazo cayendo encima de nuestro frágil motorista o el subidón al ver un accidente múltiple en la línea de meta que nos de la victoria mientras suena a toda leche Slam, pero a pesar de no llegar a las cotas de grandeza de la primera entrega de la franquicia, MotorStorm: Arctic Edge es un muy buen arcade que los amantes de las explosiones y las vueltas de campana sabrán apreciar en tiempos en los que el realismo parece ser el único valor a tener en cuenta. [8]
Fichas:
MotorStorm: Arctic Edge (PSP)
Comentarios (18)
Últimos comentarios
Comentarios en Artículos
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que grande!
8bitter en "La descojonante unión de Street Fighter II y Portal ”
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@freecheeseburgerHa cogido el tono exacto caballero.
Tempano en "Aliens: Colonial Marines tiene nuevo tráiler y nueva fecha”
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tempano dijo:A quien diga algo del mando de Wü y el radar de la smartgun le escamocho.Como FPS, pues puede que bien, como representación de la temática Alien...
Frichis en "Aliens: Colonial Marines tiene nuevo tráiler y nueva fecha”

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