AnaitGames.com
7/10
Nota Anait
Este artículo va dedicado a la memoria de Geoff Crammond. No está muerto, pero para el caso es como si lo estuviera.
Mientras mi 360 arranca el F1 2010 y amenaza con levantar el vuelo envuelta en llamas me pregunto cuál ha sido el último gran juego de Formula 1 al que he jugado. Y ya que estamos, ¿cuántos han salido en esta década? Si obviamos los mods, los últimos juegos de Formula 1 dignos de mención se concentraron en unos cuantos meses maravillosos entre 2002 y 2003: La difuntísima Microprose nos regaló Grand Prix 4, mientras que EA daba en la tecla con sus F1 2002 y Challenge después de muchos años intentándolo. Eso es todo para los dosmiles. Antes y después, el vacío. ;_;
Dos años después del fin de la mediocre tiranía de Sony Liverpool vuelvo a tener aquí al alcance de la mano un juego de Formula 1 con entidad, presupuesto y ganas, o por lo menos eso espero. Zavvi, en su infinita sabiduría, me ha hecho esperar siglo y medio por mi copia para que disfrute más este momento. Ahora mismo tengo unas ansias homicidas de jugar algo con Saubers dentro. Agito histéricamente los sticks del pad durante las pantallas de introducción. Me hago un poco de pis encima, con la tensión.

La primera impresión no podría ser mejor. F1 2010 podría acabarse en el menú de selección de apodo para tu piloto y sería lo mejor jamás visto. El que escogí yo: MAKI NORRIS. No lo introduje, sino que viene predefinido en una lista. Algún genio anónimo ha traducido los sosísimos motes del inglés original por nicknames forococheros. ¿Para qué llamarse Lightning si puedes ser Tomás de la Prisa? ¿Y si en vez de Magic nuestro amigo Lobato hubiera intentado bautizar a Alonso como Quique Pasón? Éxito absoluto. ¿Bruno Senna? Ricardo Petardo. ¿Nico Rosberg? Nisa Visto. ¿Felipe Massa? Santi Amén, lo lleva escrito en la cara. Lewis Hamilton es un Vasatogás, de los Vasatogás de toda la vida.
Con el pulso aún temblando tras tamaño descubrimiento me enfrento a mi primera rueda de prensa. Más allá de hacer un juego de coches con modelados poligonales de F1, Codemasters insiste en que ha querido reflejar la experiencia completa de de estar en el centro del deporte más sucio e hipócrita que existe, con sus Relaciones Públicas y todo. Las entrevistas, como es obvio, se basan en preguntas predeterminadas que te cansarán rápido y respuestas igualmente sosas, pero determinan las relaciones que mantienes con tu equipo y otros interesados en contratarte. A diferencia de la F1 real, en la que puedes echar pestes sobre Ferrari durante años para fichar con ellos a la primera oportunidad 1, aquí son lo suficientemente importantes como para arruinarte el fichaje por una escudería mejor. Como no puedo escoger esas réplicas pasivo-agresivas que tanto gustan a Antonio Lobato opto por ser un buenrollero insoportable e intentar pescar un volante decente.
Este Modo Carrera es en realidad el grueso del juego. En tu motorhome-menú puedes seleccionar Grandes Premios sueltos, pero la chicha está en una Trayectoria de 3, 5 ó 7 años en la que deberás cumplir objetivos, vencer a tus rivales y medrar fichando por equipos mejores hasta que llegas a Ferrari, el culmen de todo lo bueno y bello de este mundo. En tu primer año estás atascado entre las escuderías modestas, pero es posible optar al título si escoges un Williams, por ejemplo. En un ataque de patriotismo suicida decidí fichar por Hispania: un equipo que va por el mundo anunciando a Murcia promete momentos de cómica brillantez. Además tenía la secreta esperanza de que pusiera mi apodo en los laterales, como hace con el nombre de pila de sus corredores. No hubo suerte. Tras morirme de asco con las introducciones de mi agente y el señor que pone o ponía la voz a las promos de Más Que Coches me abalanzo en dirección Sakhir, primer GP de la temporada

Esto está muy bien. Toca la primera ronda de práctica, pero antes de salir a correr puedo toquetear los ajustes del coche, ver los tiempos de los rivales o la meteorología desde la pantallita que me colocan en el morro del coche. Me siento más importante que un astronauta, lo cual es razonable ya que Alonso gana 40 millones al año y los astronautas ya no le importan un carajo a nadie. Desde el principio se insiste en que tu rival a batir, tu más encarnizado enemigo, el hombre al que tienes que aplastar es tu compañero de equipo. Por incongruencias así, amigos, hay que amar la Fórmula 1. Toqueteo un poco los menús, subo un pelín la dificultad y salgo a la pista.
Mientras enfilo la salida de boxes froto mis ojos con Ajax y un Scotch Brite: lo que veo es Fealdad concentrada a base de pulpa, amigos, y ni siquiera es torpeza de los grafistas de Codemasters sino de la FOM, que consideró que celebrar un Gran Premio en una planicie muerta en el medio de Bahrein era lo correcto para la abrir la temporada. Tienes que llegar al segundo GP Albert Park para tomarle la medida a EGO, el motor gráfico del que Codemasters tanto presume. Este orgullo que sienten es del todo punto inexplicable, porque F1 2010 está bien lejos de cosas como Forza 3 y a años luz de lo que hemos visto de GT5. Lo más curioso es la falta de detalle en los modelos poligonales de los monoplazas, teniendo en cuenta que solamente tenían que diseñar una docena de coches. Esto no es muy importante, porque el ramplón aspecto general hace media con detalles esplendorosos como los efectos de la lluvia o los circuitos de Spa y Yas Marina. Por su boyante arquitectura y cielo anaranjado se podría decir que Yas Marina es la Christina Hendricks de los circuitos.
El framerate es el gran problema técnico de F1 2010. Puedes utilizar texturas de 16x16 si es necesario, pero yo exijo mi tasa de imágenes estable como el empleo y sueldo de un funcionario negligente. El juego pierde suavidad en momentos determinados de cada carrera y es francamente insoportable en un par de curvas de Mónaco que requieren más recursos por el detalle de los decorados. Justamente en Mónaco, donde rozas los muros con asiduidad. Justamente en el tramo que comprende La Piscina, La Rascasse y Noghes, y que demanda una precisión absoluta. Se me ocurren pocas cosas más frustrantes que reiniciar una carrera de 12 vueltas por motivos técnicos. En Xbox 360 esto son momentos aislados; en la PS3 una vez más víctima de los cutreports los tirones son más habituales.

En fin, de estos tirones del diablo yo aún no sé nada. Estoy incorporándome a la recta principal en Sakhir, justo antes de esas curvas cerradas que tanto juego dan en las salidas. Mi triste orgullo de veterano conductor de sillón exige que desactive las guías de trazada, el ABS y el control de tracción. Freno demasiado temprano, y mientras doy la curva a 40 km/h finjo que tengo un problema en la caja de cambios para no parecer tonto. Acelero a lo bestia para poner a prueba la sensibilidad de la tracción, que te da cierto margen pero no te deja ser un inconsciente, y me quedo apuntando en dirección contraria. Vuelvo a ponerme en marcha con un elegante derrape 2.
Una vuelta después aún estoy lejos de rendir como debo, pero sí familiarizado con las físicas. Me gusta. Es adictivo casi de forma inmediata y me recuerda al F1 2002 de EA para PC en su representación accesible de las sensaciones de un monoplaza. La combinación de agarre mecánico y aerodinámico es una de las peculiaridades que hacen tan especiales a los monoplazas de F1 y está muy bien resuelta: las curvas lentas te piden tacto con el acelerador y los pianos, y las rápidas que luches con el subviraje del grip aerodinámico, de forma que la horquilla de Suzuka y 130R, una curva rápida del mismo trazado, parecen pertenecer a juegos distintos. Eso es justo lo que tiene que ocurrir. Empiezo a pensar que en cuanto a la respuesta de los coches se refiere éste puede ser el juego de conducción más carismático de la generación.
Codemasters no bromeaba con lo de capturar toda la experiencia de pilotar en el campeonato por excelencia. Por primera vez en un juego de conducción las normas se aplican con buen criterio. Como esto no deja de ser un juego se te da un poco de margen para recortar curvas y apoyarte en otros coches. Si el choque es intencionado o te saltas una chicane te toca un drive-thru, mientras que estorbar en la calificación se sanciona con puestos en la parrilla de salida. El desgaste de los neumáticos es un detalle vital: afecta al agarre y el peligro de rotura puede forzarte a hacer una catastrófica parada extra. El juego te recuerda todo el rato que tienes que usar como mínimo un juego de ruedas duras y otro de blandas. Todo es muy verosímil.

BUM. Acabo de llevarme a Nico Rosberg por delante. Ha frenado demasiado ante una curva cerrada y a mí no me ha dado tiempo a hacer nada. El gran problema de los juegos de F1 es que tienen que ser fieles al deporte más perfeccionista del mundo y a la vez resultar accesibles para los mortales que no tenemos superlicencia. No importa lo bueno que seas a esto, porque a lo largo de toda una carrera vas a cometer muchos más errores que un piloto real. Si no perteneces a un grupo de masoquistas muy especial tampoco estás dispuesto a dar alcance a tus rivales comiéndoles dos décimas por vuelta, ni tienes la consistencia necesaria para hacerlo. Esa contradicción está en el corazón de todo simulador, y cada uno lo negocia a su manera. F1 2010 pertenece al grupo de los que hacen que tus rivales sean demasiado cautos, lo cual lleva a alguna conga muy graciosa en Mónaco o a adelantamientos de tres o cuatro coches en curvas cerradas. Como la alternativa de limitar su velocidad es aún peor no vamos a quejarnos. Por lo menos no hay rubberbanding.
Las carreras son largas: un mínimo del 20% de las reales, que equivale a algo entre 10 y 16 vueltas. Con todas esas curvas las probabilidades de que te metas la hostia de tu vida tienden a infinito, así que vas a recurrir a uno de tus rewinds para volver atrás en el tiempo y evitar la galleta, maravillar a Marvin Berry con un sonido que no ha oído nunca o convencer a Keke de que no tenga hijos, lo que veas más práctico. Este atajo salvavidas es una bendición o una blasfemia según la corriente a la que se adscriba el talibán al que preguntes; yo creo que en un juego como este tiene todo el sentido del mundo. Así que lo uso, me zafo con mucho garbo del alemán y sigo corriendo.
Corro durante horas y horas. Gano un par de carreras Mónaco y Monza, por algún extraño motivo montado en mi escuálido Rocinante y ficho por Mercedes para mi segunda temporada. En las flechas de plata desbanco a Schumi como primer piloto perdóname Michael, porque he pecado y atropello a la competencia literal y figuradamente llevándome el Mundial. Esto da alas a mi carrera, y entre las ofertas de todos los equipos de la parrilla escojo a Ferrari con los ojos arrasados en lágrimas. Al fin en casa, me encanta que los planes salgan bien, etc.
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