Por: Xavi Robles y Pep Sànchez
Ya está, la next-gen ya es actual-gen. Y no porque lo digan unos cuantos malditos yankees, no; XBOX 360 está en la redacción de Anait Games. A las 10 de la mañana fuimos a recoger la consola que teníamos reservada en la Fnac. Íbamos con cascos, metralletas y puños americanos; tras ver lo que había sucedido en USA pensábamos que la situación sería crítica y que nuestras vidas estaban en peligro. La cola con la que nos encontramos estaba formada por un puto gordo, que lo único que podría habernos hecho es pegarnos con un donut. Y nadie más. Bien, primera muestra de que el hype no está por todas partes.
Aunque pudimos jugar un ratillo al poco de hacernos con ella, no fue hasta bien entrada la noche cuando empezamos a jugar en serio: en la redacción, con birras pero sin patatas, que el primer día no se pueden manchar los mandos (he aquí la diferencia entre los redactores de Anait Games y el gordo del donut). Oh, el mando… nexo entre jugador y consola, objeto de nuestras alegrías (cuando lo levantamos en señal de victoria (los putos triunfitos nos lo copiaron)) y decepciones (cuando lo tiramos con rabia al suelo o bien lo usamos para intentar matar a quien nos acaba de ganar (que bonito es el multiplayer)). ¿Y qué tal es el mando de la 360? Pues jodidamente bueno, amigos. Por si ser inalámbrico no fuera suficiente (que lo es), es robusto y se adapta perfectamente a las manos. El diseño te puede agradar más o menos (a nosotros nos gusta bastante-mucho) pero lo que realmente importa es que la disposición de los botones es buena, su respuesta rápida y precisa, y tanto sticks como gatillos son realmente cómodos. Jodidamente bueno, vamos…
La consola también es muy bonita. Ante todo, es sobria; pocos botones y un tamaño aceptable. La única regañina es para “el ladrillo”, el enorme adaptador de corriente.
El primer juego que probamos fue PGR3. La presentación y los menús son de lujo; dejaros de Burnouts y sus locutores molones del inframundo. Esto es diseño y elegancia, sí señor. La mecánica es prácticamente la misma que pudimos ver en PGR2, al igual que la jugabilidad. Es lo que tienen las secuelas, sí, pero en el caso de esta saga nos parece perfecto que no se cambien demasiadas cosas en este aspecto. Los cambios han llegado, como habréis adivinado (no hay nada como tener unos lectores así de inteligentes (aplausos eufóricos de vosotros a nosotros, ahora)) por la puerta del apartado gráfico. Aquel que diga que el juego parece PGR2 DEBE donar sus ojos a la ciencia, pues los gráficos son simple y llanamente espectaculares. Iluminación en tiempo real, un público en 3D que se aparta cuando chocas y que te hace fotos si te detienes, unos edificios R E A L E S, árboles y vegetación varia fotorrealista… una virguería. Correr a 270 km/h por las calles de Manhattan o Tokyo con un Allegro Giocoso de Brahms de fondo (forma parte de la BSO del juego, no lo pusimos nosotros) es una de las experiencias más hardcores que hemos vivido nunca. En serio; experiencias como esta nos recuerdan porqué amamos a los videojuegos. Absolutamente recomendable.
Nos gustan los Kudos, los buenos gráficos, los derrapes y las tías buenas. PGR 3 tiene casi todas esas cosas, por lo que, a falta de dedicarle más horas, nos parece un juegazo.
Pero lo bueno vino con Perfect Dark Zero. Si existe algún Dios, debe estar en su trono nadando en mierda. Por toda la que le mandamos ayer. Que cosa más mala. Rare tiene un problema serio con el tema del diseño. Bueno, el problema lo tenemos nosotros, que somos los que vomitamos; la primera vez por culpa de los cutrísimos menús, y las cuatro siguientes al ver los lamentables personajes. Y lo peor es que los gráficos no ayudan para nada. En ciertos aspectos, Perfect Dark Zero no es mucho mejor que HALO 2, y palidece ante juegos como F.E.A.R. Joder, mirad el puto segundo nivel, parece hecho por un gorila ciego. Hay algunas texturas buenas y el modelado de las armas es más que correcto, pero el de los personajes no convence en absoluto. Los movimientos son poco naturales, y algunos efectos (sobretodo de luz) son un auténtico ejemplo a no-seguir. La jugabilidad no es mala, pero el desarrollo de las misiones no invita a seguir jugando, el título no engancha y la sensación de inmersión es nula. Hay que aclarar que tan sólo jugamos 20 minutejos (después del quinto vómito volvimos a jugar al PGR3), por lo que puede que mejore más adelante. Pero nosotros nunca lo sabremos.
Conclusiones:
La Xbox 360 mola, y molará mucho más dentro de poco tiempo. Solamente con PGR3 ya hemos amortizado los 400€ de la edición Premium. Lástima del cupón de descuento, malgastado en el PDZ. Hay que decir que Rare era la compañía favorita de uno de nosotros (del nintendero Robles) y que las horas que pasamos frente a Goldeneye y Perfect Dark de N64 no se pueden contar con los dedos de mil manos. Es más; Xavi llevaba puesta la camiseta de Perfect Dark (la que regalaban en el Centro Mail si hacías la reserva del de N64) cuando compramos la 360. Ahora queda por probar el Live, que comentaremos más adelante. En fin, que si este texto os ha servido de algo, nosotros nos alegramos. Anaitgames os ama.